Viaja con tu bíped@·Yo fui a colegio de monjas ¿y tú?

Viajar con humanos II: El síndrome del perro de indigente

Avanzando en los preparativos de un viaje inolvidable con tu humano, en esta segunda entrega te revelo las claves para desarrollar lo que llamaré el “síndrome de perro de indigente”.

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Si no sales de la ciudad -o si vives en una finca en el campo- este apartado puede resultar pura retórica; pero si pretendes conocer mares, desiertos, ciudades y montañas, dormir cada día bajo un techo (o bajo las estrellas), viajar en cualquier transporte y, lo más importante, disfrutar de la experiencia, es importante crear un vínculo con tu bípedo algo particular.

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No sé si alguna vez te detuviste a observar a aquellos que pasan cubiertos de mugre a nuestro lado todos los días, sobre todo si vives en Bogotá. Esos perros no conocen correa ni encierro; siguen a su bípedo por toda la ciudad y nunca se alejan de él más de unos metros; son perros tranquilos, pareciera que practican yoga; olfatean el suelo y las basuras, saludan e incluso juegan con otros amigos, pero nunca pierden se vista a su compañero/a; si él o ella se sienta, se sientan a su lado… Por minutos… O por horas; si se echa a dormir se hacen un ovillo a sus pies, y sólo se levantan a dar los buenos días cuando lo sienten abrir los ojos; lo defienden a él y a sus bolsas de plástico como lo que son, lo más importante de su vida.

Pues bien, pese a que mi mamá tiene miles de casas en todo el mundo, y también un trabajo y, sin embargo, no tiene mugre -o no tanta-, yo constituyo un soberbio ejemplar de esta extraordinaria raza de perro, y no vayan a creer que sólo por mi aspecto.

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Paseando por el Caribe colombiano
Paseando por el Caribe colombiano

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Salida con mi grupo de montaña al páramo
Salida con mi grupo de montaña al páramo
Esperándola a la puerta del banco
Esperándola a la puerta del banco
Vigilando nuestras cosas durante una "parada técnica"
Vigilando nuestras cosas

Y ¿cómo se llega a ser un perro de indigente, se preguntarán mis congéneres de todo el mundo en estos momentos?

Es fácil: necesitas un humano que te lleve a todas partes y que no tenga pereza a la hora de superar todos los obstáculos con los que, sin duda, se va a encontrar: taxistas o busetas que no se detienen ante tu visión, restaurantes en los que no aceptan entrada de mascotas, amigos reacios a llena su casa de pelos, grupos de excursionistas en los que seréis el primer perro en ser aceptado, albergues en los que se transmuta su cara al verte aparecer…

… Necesitas un bípedo que tenga la paciencia de sonreír, negociar, convencer, empatizar con el otro, y aguantarse un aguacero -o una noche- en la calle contigo, si es necesario.

Ver lugares diferentes y ampliar cada día los horizontes lleva a que seamos nosotros mismos los que no perdamos de vista a ese papá o mamá que nos ofrece una vida tan rica en estímulos y que se puede perder a la vuelta de una esquina y quedar desvalido sin nosotros.

Pasar mucho tiempo con tu bípedo en estas condiciones te ayuda, además, para el siguiente punto:

Si quieres conocer el mundo, es importante que vayas desarrollando la tolerancia a determinados estímulos particularmente intensos, pesados o antinaturales para un perro.

Te pongo un ejemplo, para que me entiendas bien: si el día que vas a volar es el primero que ves tu guacal, tienes todas las papeletas para no querer volver a ver ni un avión el resto de tu vida. Si, como me ocurría a mi, no te atreves a subir escaleras -o no eres capaz de acercarte a un carro porque te atropelló uno- habrá que superar esa barrera antes de pretender meterte en una lancha motora, hacerte subir montañas o cruzar puentes colgantes.

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Para conseguir esto te revelo, en primicia y exclusiva, nuestra fórmula: paciencia, cariño, disciplina y exposición constante y progresivamente incrementada a tales estímulos, partido por confianza en tu bípedo al cuadrado. También puedes añadirle unos trocitos de jamón y/o grandes efusiones cariñosas para celebrar los éxitos.

En la práctica esto se materializa en la voluntad de tener un perro valiente e independiente, lo que supone tomarse la molestia de exponernos en lugar de protegernos o evitar la situación para no perder tiempo. Convencernos con un tono de voz alentador y cariñoso de que aquello que se percibe tan amenazante no lo es tanto. Y empujarnos a vivirlo, con suavidad -para no romper la cuerda- pero con firmeza -no se si vieron alguna vez un perro reacio a hacer algo-, de manera que cada vez adquiramos mayor confianza en nosotros mismos y acabemos viendo las ventajas de hacer lo que nos piden.

Si, por mucha resistencia que tengas al principio, asocias subir en el taxi con las caricias de tu mamá seguidas de un paseo por el campo, rápidamente acabarás deseando subirte a cuanto transporte se te ponga por delante. Cada salida, de unos minutos o de fin de semana, es un viaje, una aventura, un campo de experimientación y aprendizaje en el que avanzar, cada día, un poquito más.

Si además tu mamá vive sola en un país extranjero, no tiene carro particular, nadie con quien dejarte los fines de semana, ni intención de renunciar por completo a su vida itinerante por el hecho de haberse tropezado con un saco de huesos a su llegada a Colombia, entonces ampliar esa barrera de tolerancia y “normalidad” se convierte en una necesidad vital.

… Y de ahí a salir de viaje juntas estamos sólo a un paso…

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Continuará…

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3 comentarios sobre “Viajar con humanos II: El síndrome del perro de indigente

  1. Querida Linda,
    Hoy descubrí tu blog y me enamoré de ti y de tu historia. Dile a tu mamá que tiene mi admiración, que he llorado y reído leyendo sus aventuras, y que me gustaría mucho conocerlas un día. Yo tengo tres parientas tuyas por hijas. Fueron rescatadas de la calle y luego vivieron en un refugio hasta que felizmente nuestras vidas se juntaron. Yo antes vivía en la ciudad y ahora vivo en el campo para que las chicas puedan tener un espacio grande para correr, jugar y asolearse a sus anchas -así como tu en tus viajes increíbles con tu mamá. Si un día tus paseos te traen por La Calera me encantaría que me visites. Prometo jamón de bienvenida!
    Por lo pronto te mando un rasca-panza, Linda.

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    1. Hola Jimena,

      muchísimas gracias por tus palabras, nos emociona saber que hay gente que disfruta y se emociona con nuestra historia. Me encantaría ir a jugar con uds., probar el jamón de la Calera, olisquear cada esquina de su casa y que me rasques la panza en directo… De hecho mi mamá -y ahora mis papás- están pensando en seguir tus pasos de emigrar al campo, por lo que podría resultar inspirador para ellos.

      Le pregunto a mi mamá cuando vamos por allá y te cuento!

      Un abrazo y un lamentón 😛

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