Una historia de amor·Viaja con tu bíped@

Cuenta atrás

Martes, 9 am

En nuestra primera mañana en casa, mi mamá creó un evento en Facebook con una foto en primer plano del interfecto. Tras contar que encontró otro “Lindo” y describir la situación, hizo el siguiente llamado:

“¿Alguien quiere venir con su carro y pasar a la historia como aquél o aquellos que libraron de su karma a Monguí?” 

Monguí, el orgulloso cacique indígena que da nombre al pueblo y tantos quebraderos de cabeza causó a los conquistadores… ¡Impresionante el parecido!, pensaba mi mamá, toteada de la risa.

Angélica, una de mis fans y amigas, que fue quien nos recomendó dónde quedarnos allá, marcó, jadeando de la emoción, nuestro número.

-¡No lo puedo creer! Yo lo vi cuando estuvimos en Semana Santa. La verdad, no me atreví a llevármelo, no sé, no lo pensé… Me asusté… Le di comida esos días, pan, hamburguesas, y me sentí fatal por dejarlo allí. Lo vi tan mal que le pedí al universo que lo protegiera. Y ahora lo veo aquí… ¡Es increíble!-

Y, a continuación, con la alegría propia de las segundas oportunidades -para él, y para ella misma-:

¡Me encantaría acompañarlas a buscarlo, pero justo este viernes viajamos a San Andrés!

Después de barajar alternativas para ir juntas, todas imposibles, ya que mi mamá y yo volábamos a España justo después; de usar su carro consiguiendo otro conductor, lo cual es difícil habiendo un hombre colombiano de por medio; y de que preguntara a todas sus amistades, finalmente apreció nuestra “Ángela”; su vecina: una humana dispuesta a viajar y regresar en el mismo día para meter en su carro nuevo al ser más apestoso de todos los tiempos.

No te lo dije antes para que no sufrieras más de la cuenta, pero nuestro nuevo amigo despedía un olor tan hediondo que mi mamá pensó durante todos esos días que, para rematar las gracias que lo adornaban, se había revolcado en un popó. O en varios… Si bien después cayó en cuenta de que esa peste era muy diferente a cualquiera de las que conoció desde que entré en su vida, y que emanaba de la propia infección en la piel.

Mientras me rascaba la barriga distraídamente, mi mamá diseñaba estrategias que luego discutía con Anabel y con mi Hada veterinaria, quien llegó a venir a nuestra casa -con gran susto mío, que pensé que me iba a auscultar-, para planear el dispositivo…

¿Y si sospechaba de nuestras intenciones? ¿Sería mejor rodearlo para asegurar la captura o reservarnos la posibilidad de que fuera otra persona quien intentara acercarse a él si la primera fallaba con el lazo? ¿Y si se ponía como una fiera al intentar subirlo al carro? Yo, desde luego, tampoco me dejé sacar tan fácil de la gasolinera… Lo que pasa es que no podía moverme y ni mi mamá ni yo caímos en cuenta de que tenía unos buenos dientes con los que defenderme. Él, en cambio, ya había tenido ocasión de mostrarlos cada vez que ella había intentado posarle la mano encima. ¿Llevaríamos guacal, bozal, o ninguna de las anteriores? Como su movilidad es perfecta, teníamos una única oportunidad: si lo asustaban, se esfumaría levantando una nube de polvo, y no volvería a aparecer en el horizonte hasta ver el terreno despejado, es decir, hasta que enfiláramos carretera abajo en el carro que tanto nos costó conseguir.

Miércoles, 6 pm

Compramos salchichas (lo que me puso muy feliz, aunque pronto me di cuenta de, al igual que los bocados de los últimos días, tampoco eran para mí) y varias pastillas tranquilizantes: si bien no podíamos asegurarnos la captura durmiéndolo (las pepas no hacen efecto inmediato, por lo que, al sentirse raro seguramente se escondería en el lugar más recóndito a la espera de que pasara el malestar), al menos sí podíamos evitar que lo acabara para evitar que le hiciera trizas la cara a mi mamá en el asiento trasero.

Jueves, 2 pm

Tras una breve investigación, mi mamá encontró el teléfono del Personero en la red, quien disimuló bastante bien su sorpresa cuando la escuchó al otro lado del auricular:

-Sí, sí, doctora, por supuesto que me acuerdo de usted… Sí, está por el parque, yo mismo di instrucciones para que no lo molestaran hasta que lleguen-.

Viernes, 7 am

Mi Hada veterinaria confirmó, bastante triste, que no pudo cambiar su turno para chuzar a sus víctimas de cuatro patas, como yo, y que no podía acompañarnos.

Los nervios de mi mamá se dispararon. Llevaba a dos personas -una de ellas una bienintencionada desconocida- y una perra, hasta los confines de Boyacá en busca de una sombra escurridiza que no había visto en muchos días, y ahora, además, nos faltaba la “experta”.

¿Sería ella capaz de dirigir, con éxito, la operación?

Continuará…

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20 comentarios sobre “Cuenta atrás

  1. Nooo, que es esto, me tienes en ascuas. ¡¡¡Es peor que los finales de temporada de The Walking Dead!!! Por favor… ¡Que todo salga súper!
    Un beso hermosa …

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  2. JAJAJAJ!! nos vas a matar con la intriga!!! no tengo la mas mínima duda que el rescate terminara exitosamente, pero la espera me mata!! simplemente un tubo metalico de 1 mt. con una cuerda adentro es suficiente para atraparlo sin ser mordida!! no creo que ese principe se deje drogar tan fácilmente!! ellos tienen demasiada calle!! mucha suerte con el rescate!!

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    1. Querida Liliana,

      todas las humanas también andan hablando por teléfono histéricas… Deberían aprender todas de mí: dormito en la sala sin preocuparme por lo que pasará el fin de semana… Ni hasta la hora en que me lleven a pasear 😉

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  3. Ayyy ..esta parece película …y con una señora Angelita quien presto su auto nuevo..mil gracias Angelita que el universo te retribuya lo mejor… Ohhh guacharaquis ..todos los días estamos pendientes ojalá de un final feliz.. Besitos

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    1. Querida Pepa,

      aunque no pudimos hacer que la semana corriera más rápido dando una carrera hasta el viernes por fin podemos darte la buena noticia…

      ¡Monguí está recibiendo baños diarios con champu medicado y tomando kilos de antibiótico y concentrado de salmón en la capital! 😀

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