Una historia de amor

Sumercé… ¿puede oírme?

 

A Diana Moncada y Gelber Rodríguez Cristancho, los humanos que me convirtieron en un decagenario feliz

Pst, psssst… ¿Puede oírme?

Sumercé, necesito su ayuda.

Yo sé que resulta difícil de creer pero, hace pocos días, me metieron en uno de los carros que los domingos atestaban, desde que era cachorro, el parque de mi pueblo y me trajeron acá. Me dieron salchichas… ¡muchas salchichas para mí solo! y la compañera de esa perra amarilla me pasó el brazo por encima. Se sentía bastante rico, pa’ qué…  ya ni recordaba qué era que me tocaran.

En cuanto me dormí me dejaron botado. Imagínate que cuando amanecí solo, junto a una bolsa de agua caliente, en este lugar con olor a capital de departamento, no me podía parar. Debieron darme palo más duro que de costumbre, jue lo primero que pensé, aunque extrañamente no me dolían los huesos. Pa’ entretenerme y pasar el susto destrocé el cilindro que me pusieron en el hocico que olía a la perra esa, hasta que la luz del sol invadió mi cubículo, cegándome.

Una mujer me dio agua y, por fin, pude soltar todos mis esfínteres en un patio con pasto y un palito de laurel.

-Monguí, hermoso, ¿cómo amaneciste?-, me saludó una chica de mirada dulce, con el mismo uniforme de las fisioterapeutas y las aprendices de odontóloga de mi pueblo.

¿”Hermoso”? Desconocía esa palabra. Debía encontrarme muy lejos de casa… de pronto en Sogamoso. La aprendiz de odontóloga se acercó para arrancarme un buen pedazo de piel y desaparecer con él en la casita aledaña.

Luego apareció la chica de las bolsas de pan que conocía de otras veces, como siempre, con la perra amarilla. Para entonces ya comenzaba a impacientarme: mi estómago rugía y había olfateado cada palmo del pastico, por lo que no se me había perdido más por allí… Primero me tiré sobre la puerta, pa’ echarla abajo. Luego escarbé pa’ escaparme por debajo de la verja del alambre, igual que ese muchacho… ¿Cómo se llamaba? ¡El Chapo Guzmán!, pero la chica me sujetaba, casi haciéndome daño, de modo que intenté acabar con ella a dentelladas.

¡Me refiero a la verja, carajo! Mis muelas todavía sirven para sacarme de apuros…

Ella seguía halando en la otra dirección. -¡Monguí, que te vas a hacer daño!- susurraba, algo nerviosa -madre mía, Linda, y ni siquiera podremos venir a visitarlo durante el tiempo que estemos fuera- decía, apesadumbrada, a su sombra.

En ese momento echó mano de la cuerda que me había lanzado a la jeta, junto con una bolsa llena de pan, el día anterior. -No podemos hacer mucho por ahora, aunque ¡sí podemos llevarlo a dar su primer paseo por Bogotá!- exclamó, animada de pronto.

¿¿¿Bogotá??? ¿Ese lugar gigantesco que veía de reojo en el noticiero de la panadería? Ahí sí, me dio susto, pa’ qué… Yo nunca había salido del pueblo, por lo que me empeñé en regresar a mi cubil de dónde ninguna fuerza humana pudo sacarme… hasta que el único macho que había por los alrededores me puso de patitas en la calle, entregando la correa a la chica de las salchichas frente a la puerta.

-Los veterinarios no clasifican como humanos-, me explicó la amarilla, que parecía conocerlos bien -aunque mi Hada veterinaria casi pasa por uno, “pa’ qué”- añadió, imitando mi sensual acento monguiseño.

Los olores capitalinos me enloquecieron ¡Qué placer, Sumercé! Mi añorado pasto, mis queridos andenes, calles (aunque no fueran empedradas), esquinas… ¡El mundo a mis patas otra vez!

En mi afán por ir, como siempre, a mi aire, aceleraba y frenaba en seco y me quedaba trabado entre las patas de la chica que intentaba seguirme el paso soltando agua por los ojos. Nunca había visto nada igual… salvo en la fuente del parque. La perra, que trotaba, libre como el viento, a nuestro lado, lo achacaba a la emoción de recordar todas las veces que ella misma estuvo a punto de hacerle perder los dientes recién llegada de los Llanos.

Entretenido con todos los estímulos, no me di cuenta de que estábamos regresando. Entonces vi ¡la misma pinche puerta! Intenté zafarme de la correa y de la compañía dando saltos hacia atrás, encabritado como corcel sin doma.

¡Por mi señora Madre que ni de bromas iban a encerrarme de nuevo!

Ella jugaba limpio, pa’ qué: metió sus dedos entre mi cuello pelado y la correa, para evitar que me estrangulara.

-¡Vamos, Monguí! Regresamos a la clínica-.

Algo en su mirada, unido a la placidez de la narigona, sentada a su lado, me indicó que, aunque fuera humana, podía confiar en ella. Bajé la guardia, entré y acerté de lleno:

Me pusieron el desayuno delante del hocico.

Desde entonces pasaron algunos fans de la amarilla -Gelber, Diana y también de Sanchabel- por aquí. Gracias a ellos, en pocos días me convertí en un excelente anfitrión y paseador de humanos: además de batir la cola de felicidad y dar algunos besos al vernos, los llevo de la correa como un señorito de la alta sociedad boyacense.

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Y , pues es pa’ eso para lo que necesito su ayuda.

Cuando no esté cuidando sus vacas ¿no tendría supersona un tiempito para llevarme a conocer el barrio? La verdad, aquí entre nos, aunque me tienen muy consentido, se me llorocean los ojos de no poder salir tan a menudo…

En definitiva soy todo un señor perro de la calle.

Si quiere venir a visitarme ¡ládreme! (la mona dice que le escriba un mensaje por su página de Feisbú -o a lindaguacharaca@gmail.com- para cuadrar). 

Una última cosa, y ya le dejo, que sé que anda enchicharonad@: lo de mi piel no es sarna, Sumercé, sino un hongo que no es contagioso así que, si gusta, puede traer a su human@ sin temor a que se le caiga el pelito que l@ cubre…

… Los que conocí por acá cada vez me agradan más ¡pa’ qué!

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20 comentarios sobre “Sumercé… ¿puede oírme?

  1. si, podemos oírte monguí, estamos muy lejos! pero cuando nuestra mama viaje nuevamente a bogota, ten la seguridad de que ira a pasearte un rato!! en que veterinaria te encuentras principe boyaco?

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  2. Es todo un Lindo Guacharaco..clasificará para cónyuge o al menos concubino de nuestra diva Linda? Pronto lo sabremos.. Gracias a todas las haditas y padrinos que quieren conocer y pasear a nuestro amiguito!! Lorenza pregunta que como va el cambio de nombre?

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  3. Monguí, sumercé si es todo un señorito! Pu’aca desde Chiquinquira me ofrezco pa’l menos ofrecerle a virgen una oración pa’que su persona consiga quien le de un paseo. Saludes a la linda! Que muchos recuerdos…

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  4. Es un hermoso príncipe, sus ojitos todavía se ven tristes, pero esta con grandes personas que hacen la diferencia, un abrazo muy grande y saludos a linda y su mami

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  5. Que lindo, no te asustes con Bogotá, es grande, pero como en todo lado hay gente linda. Como tu nueva amiga que le hace un súper homenaje a su nombre :).
    Yo me encuentro en Medellín, así que ni modo, ojalá pudiera pasearte y cuidarte unos días. Sé paciente con todos esos humanos que te rodean y que todas las atenciones le den nuevamente el brillo a tus ojos. Chaooo.

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    1. Hola Lina, muy buenos días tenga sumercé,

      pues le cuento que ya tengo mucho pelo pero que estoy bastante cansado de estar encerrado, a ver si llegan la humana de las salchichas y la perra amarilla y me sacan de aquí, a ver pa’ donde me llevan.

      Le envío un abrazo con pelusa negra y algo de caspa hasta la cuidad de la eterna primavera de la que tanto escuché hablar a los turistas que visitaban mi pueblo.

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  6. JAJAJAAJA Me imaginé a Monguí con gafitas y en ruana tratando de usar el compu hablando por el mouse jajaja, excelente! Como siempre, me transporté con tu forma de escribir 🙂

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    1. Queridas Erika y Oreo,

      Monguí no tiene ruana porque no lo dejan llevar ropa por su tratamiento, pero una de mis fans que ya fue a visitarlo me contó que le va a hacer un súpersaco con el que saldrá en el próximo reportaje fotográfico… 😀

      Les mando un lametón a cada una desde la playa 😛 😛

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  7. Linda esta en España?? No descansas…que otra aventura nos contaras..y negrito se ve mucho mejor que antes..es obvio..el amor y la bondad que esta recibiendo se le nota.!! Besitos de Lore a Negrito

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  8. Monguí, bienvenido a la capital! Mis hijas perrunas son de un pueblo, como tu. Antes les daba miedo la calle y el ascensor, pero ya son todas unas perras de apartamento (eso sí, mantienen la sana costumbre de ladrarle a las motos y a las bicicletas, porque uno nunca sabe). Dónde es tu clínica veterinaria a ver si puedo ir a visitarte un día?

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    1. Sumecé Jimena,

      sus hijas perrunas hacen muy bien, las bicicletas y las motos son una amenaza de primer orden a la que hay que espantar para que se mantengan al otro lado del parque. Le cuento que mi clínica está en el norte de la ciudad, en la estación de un gusano rojo que responde al nombre de Transmilenio de “Prado” ¿Si podrá venir a traerme unas salchichas y a que le muestre mi nuevo barrio? La verdad, ahora que no nos oye nadie, es que estoy más aburrido que caballo en balcón…

      Monguí
      Monguí

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  9. Por algunas ocupaciones estaba atrasada con lo que había pasado después del rescate de Mongui y me hace feliz…. No creo que alcances a imaginarte el bien que hacen no sólo con Los peluditos sino con las personas a las que nos regalan sus historias, en mi caso me devuelven la confianza en los humanos, me relajan y me dan esperanza… Son un oasis en medio de grandes desiertos, un abrazo con mucho cariño para tu mami para Linda y Mongui

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    1. Querida Olga,

      aquí entre nosotras, no sea que se le suba a la cabeza, mi mamá es la mejor humana del mundo, del planeta y de la galaxia entera… hasta que abre al agua del baño o me dice que vamos al veterinario. Se va a poner roja bajo su pelaje facial cuando le cuente lo que escribiste…

      Y también muy feliz 😀

      Muchas gracias por tu cariño y por tus hermosas palabras de parte de los tres. Desde debajo de mi higuera te mando un graaaaaaaan lametón 😛

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