Una historia de amor

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Ya tengo las patas de nuevo en casa, en mi nueva casa. El regreso a mi país fue traumático, mucho más traumático que pasar más de quince horas entre aviones y aeropuertos. Más, incluso, que permitir que otro bípedo o cuadrúpedo entre en mi terreno…

Anabel decidió abandonar nuestra manada y seguir nuevos caminos. Supongo que, para no extrañar tanto las comidas de medianoche diseñando tarjetas de visita conmigo acurrucada bajo la mesa; las fiestas de baile, ellas en pijama y yo con mi pañoleta, en la sala; o las ediciones de vídeos, hombro con hombro, retorciéndose de la risa en el sofá conmigo mostrando la barriga a sus pies; también decidió que no quería mantener la convivencia que iniciamos antes de nuestro viaje, en un momento en que las ambiciones de los directivos de Coca-Cola no les llegaban a la suela de las pantuflas y a mi me temblaba el último pelo del bigote con la que se me venía encima.

Por eso, apenas pusimos las patas en Bogotá, tuvimos que buscar un techo sobre nuestras cabezas por cuarta vez en lo que va de año.

Aunque yo, desde que mi mamá esté conmigo, estoy bien en cualquier parte, es agotador verla desmantelar nuestro hogar cada pocos meses y subir y bajar las escaleras corriendo, en cada nuevo trasteo, para no perder de vista ni a ella, ni a sus corotos. Además, encontrar una nueva casa con una mamá no es tarea fácil: incluso sin haberla visto una sola vez, muchos humanos asumen que se comerá las cortinas, los cables y las patas de las sillas, por mucho que yo insista en lo contrario.

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Cansada de desplazamientos y jugarretas del destino, decidió aligerar el peso de su corazón deshaciéndose del peso físico o, lo que es lo mismo, de la mitad de sus cosas: repartió sus objetos queridos entre sus amigos, también hubo regalos para los recicladores del barrio. La mayor parte de sus libros fueron a parar a la fundación Arte Urbano de nuestro antiguo barrio, pese a que hice todo lo posible por defenderlos (te lo muestro en un video artesanal, hasta que mi mamá aprenda a manejar un programa de edición o encuentre un bípedo que le ayude).

Su equipaje, que incluye los muebles que compró con mi papá Steven, se trastea ahora en dos viajes en carro. El mío cabe en una maleta tan alta como yo, ocupada, en un tercio, por mis alforjas, mi impermeable, mi corbata para las fotos de perfil de LinkedIn, mis pañoletas y el chaleco salvavidas que me enviaron mis fans Isa y Dino desde Cali al leer que montaba en lancha seguido. El otro tercio lo componen mis medicinas y, el último, mis pañales.

Cada vez que llaman a la puerta corro hacia la entrada aullando de alegría; me acerco a cada carro que veo parqueado en la calle batiendo la cola; cada vez que se acerca un chico moreno, alto y delgado, salto sobre él haciendo cabriolas… pero, aunque mi papito tiene una nariz casi tan telescópica como la mía, parece no haber olfateado nuestras nuevas coordenadas.

-No es él, Linda- me explica mi mamá con el corazón encogido y las rodillas temblorosas -no es él-. Entonces yo sigo olisqueando el pasto…

Hasta la siguiente.

Aunque me lo repita, no lo creo: hasta hace dos meses mi papito, junto con Anabel, era nuestra familia en Bogotá.

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Pasamos los últimos días echadas en el piso, mi mamá derramando charcos salados sobre mi pelaje y yo charcos de chichí sobre mi cama por el estrés de verla tan triste. Olimos nuevas esquinas paseando en solitario por nuestro nuevo territorio y me presenté a mis vecinos. Todos se ven muy elegantes y cuidados. Los encuentros son algo fríos, fundamentalmente porque algunos papás los alzan del piso o se cruzan la calle cuando me ven aproximarme con mi aire criollo, mi tumbao… y sin correa, por El Nogal, aunque tengo algunos amigos: Antonio, un yorkshire cuyo nombre es más largo que él, que siempre lleva un abrigo rojo y un cauchito recogiéndole las mechas de rockero que tiene; y Mambo, el otro raza única del parque. Mi mamá pensó que éramos tres y felicitó a la mamá de Tomy por “ese criollito tan divino, con un pelo de cada color”, pero ella le explicó, con la misma cara como si acabara de morderle una hormiga amazónica en el trasero, que se trataba de un pastor australiano. A veces nos echamos trepidante carreras, esquivando árboles y canecas de basura, con unos galgos. El público que queda sin aliento, sobre todo cuando mi mamá cuenta que tengo una pata suelta. Y en las noches dejo loco de amor a un labrador de exposición:

-El criador a quien se lo compré dice que debería estar más gordito. Los expositores opinan igual, pero me parece que está bien así- le explica a mi mamá, buscando su aprobación y, a continuación, señalándome, seguramente admirado por mi porte de diva: -¿Y tú dónde conseguiste a Linda?-.

-En una bomba en la vía a Villavo- responde, disimulando una sonrisa, siguiendo con la vista mi telescópico perfil recortándose a la luz de las farolas.

También nos encontramos con Gaita -que es bastante tímida, seguramente porque está recién llegada a la ciudad desde un refugio en La Calera-, y Jimena, quienes me sacaron del anonimato en una calle cualquiera cuando buscaba un lugar apartado para hacer popó.

Hoy fuimos a almorzar con ellas…

¡Una nunca sabe detrás de qué esquina va a aparecer un@ de sus fans!

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18 comentarios sobre “Home New Home

  1. Ayyyy, los trasteos. Lo peor es cuando uno deja un pedazo de corazón en cada uno. A veces se deben tomar decisiones que uno no quiere, pero que son las que se deben, hay que asumirlas con valentía, ni modo. Como dice Leonard Cohen: Hay una grieta en todo, así es como la luz penetra.
    Mucho me temo que te vas a mudar pronto, otra vez …

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    1. Querida Lina, mi mamá se quedó muy impresionada de que pudieras mirar dentro de su corazón que se quedó en parte en nuestra vida en familia con Anabel y que además tiene una gran grieta que a veces le dificulta hasta el respirar cuando se acuerda de mi papito… Y luego se acuerda de la valentía y de la luz de las que hablas y, aunque sea con lágrimas en los ojos, nos vamos a pasear por nuestro nuevo barrio… ¡O a bailar!

      Seguramente nos mudaremos muchas veces más, de hecho nos mudamos muuuuuuuuuchas veces al año, con cada viaje, ¡ojalá la próxima sea por decisión propia y con mucha alegría! 😀 😛

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    1. Querida Suly,

      ¿sabes que tenías razón? Poco a poco van apareciendo nuevas caras y hocicos en nuestro horizonte… y mi mamá poco a poco va recuperando las ganas de hacer esas pequeñas grandes cosas que hacen que vayamos volviendo a la vida poquito a poquito… ¡Desde mi camita de mimbre donde me asoleo con vistas a los cerros te mando un gran lametón! 😀 😛

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  2. Linda te ves pensativa..pero pronto te adaptas a todo..nuevos amigos..y un nuevo novio labrador o ladrador? Increíble que hoy día se siga hablando de perros de exposición.. Tus congéneres no son mercancía! Y tu amiga de manchitas esta muy bonita..
    Besos

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    1. Queridas Mary y Lorenza,

      mi mamá estuvo muuuuy triste, por eso mi hocico se veía tan pensativo. Ahora por fin se dio cuenta de soy un súper gran apoyo y que tiene la suerte de que la salude batiendo la cola en la mañana, que le de besos botadas ambas sobre el tapete, que sigue teniendo a su compañera de viajes y paseos a quien puede abrazar siempre que pueda. Que no está sola, en definitiva, y eso le hace sonreír.

      Mi admirador es un labrador poco ladrador, es más bien babosito, ¡sobre todo cuando me ve! 😉 Y ayer fuimos a almorzar al parque con mi amiga de manchitas y las dos ladramos a coro a todos los vendedores que se acercaron a nuestras mamás 😀 ¡Les mandamos un gran lametón de domingo para las dos! 😛

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  3. mi amiga! uno siempre quiere lo que no tiene! nosotros aquí nos quejamos de estar en la misma casa por 20 años. gastamos largas horas soñando con irnos a vivir a otro lado, un pueblo, una finca, otra casa! por que aunque aquí todo esta bien para nosotros, hasta lo bueno cansa! en fin! dicen que en la variedad esta el placer! pero supongo que aveces tanta variedad también cansa!! hay algo que los perros sabemos y que a los humanos se les dificulta y es “dejar ir” hay solo una cosa segura y es que “todo cambia” nada permanece! y hay que aprender a vivir con eso. nuevos amigos y nueva compañía llegaran! no lo dudes! tu mami esta dejando ir sus posesiones, se van sus afectos y hasta cambian su lugar de vivienda, tal vez la vida le esta enseñando el desapego. te dejo un cuento para que se lo leas a tu mama:
    un turista americano fue a El Cairo, con el único objetivo de visitar a un famoso sabio. El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuarto muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.

    – ¿Dónde están sus muebles? – preguntó el turista.

    Y el sabio también preguntó: – ¿Y dónde están los suyos?

    – ¿Los míos? – se sorprendió el turista -¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso!

    – Yo también… – concluyó el sabio.

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    1. Queridos amigos campistas,

      yo creo que precisamente es tanto cambio lo que hace que mi mamá busque estabilidad. Le costó muuucho trabajo soltar de verdad. Ahora está en eso y poco a poco se va dando cuenta de que, aunque sea difícil y duela, tiene que tomar ese camino, reencontrarse con ella, y la vida dirá. Cuando vayamos a Medellín, que espero que sea pronto ¿¿¿me dejarán visitarlos en su casa en la que viven hace 20 años??? Yo no dejo ni acercar a nadie al banco en el que se siente mi mamá por dos minutos… 😉 😀

      ¡Gracias por el cuento! Desde Bogotá les mandamos un gran lametón 😛

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    1. Queridas Erika y Oreo,

      entre lágrimas y algunas sonrisas, poco a poco van apareciendo nuevos hocicos y narices chatas en el horizonte… Imagínense que hoy me van a presentar a tres amigos gatunos en casa de dos de mis fans ¡Espero volver a mi nueva casa para contarlo! 😀 😛 😛 😛

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  4. Linda preciosa, bienvenidas al barrio! Aquí hay perritos gomelos y también criollos buena onda. Gaita le ha contado a todos sus amigos que conoció a una celebridad.
    Ya verás que vienen tiempos mejores para ambas 🙂
    Espero verte de nuevo pronto! rasca panza para ti y abrazote a tu mamá.

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    1. Querida Jimena,

      ¡Muchas gracias! Ayer la pasamos deli oliendo juntas en las esquinas y ladrando a los intrusos. Espero conocer pronto a Juli para convertirnos en las alborotadoras del barrio, que a veces tanto juicio cansa 😉 😀

      ¡Muchos lametones para toda la familia! 😛 😛 😛 😛

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  5. Linda me entristece mucho tu confusión cuando ves a tu papá en otros seres y la tristeza de tu Mami por lo mismo…pero animo Linda y mucho amor a tu Mami, luego de la lluvia saldrá el sol para las dos.

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    1. Sí Mary, poco a poco voy comprendiendo la situación, y mi mamá, con mi inestimable ayuda de compañera inseparable, también va afrontando el cambio con algo de esperanza. Toca tenerle paciencia, los humanos son más lenticos… No sólo en las caminatas… 😉 🙂

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  6. Linda, son nuevos tiempos, un nuevo empezar. Cada día es un milagro que nos regala Dios.
    Que hermoso este paso de valentía y abrazar la vida. Dejar la tristeza.
    Dile a tu mamita que anhele la presencia del Espíritu Santo es El único que puede sanar las heridas del corazón y traer tiempos de Paz.
    Tu mamita tiene un alma noble, sincera y merece poder cerrar el duelo y abrazar nuevos tiempos.
    Sin conocerlas personalmente las llevo en mi corazón. Un abrazito y lametones de mis perritas Yeka y Mona.

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    1. Querida Diana,

      mi mamá es una gran valiente, aunque ella no siempre lo sabe, pero poco a poco, gracias a todos los que la rodeamos desde acá cerca, desde allá arriba y desde el otro lado de la pantalla, va mirando hacia adelante ¡Muchas gracias por escribirnos unas palabras tan hermosas y cariñosas!

      Les mandamos un fuerte abrazo y muuuuuuuuuuuuchos lametones 😛 😛 😛

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