Chascarrillos veterinarios·Una historia de amor

Diploma en emergencias caninas

Advertencia: si estás esperando ver espectaculares tomas de ni telescópica nariz, este no es tu post. En este capítulo me la paso esperando fuera… 

Cualquiera pensaría que, cuando no estamos de paseo en el Fin del Mundo, nuestra vida en Bogotá transcurre de manera previsible, apacible e, incluso aburrida… De trancón en trancón, del trabajo a la casa, de la casa al parque…

Eso no aplica, sin embargo para quien viva con mi mamá… ¡Con ella es emocionante hasta ir a hacerse un chequeo rutinario de salud! ¿No te lo crees?

Estábamos ojeando unas revistas en la sala de espera (yo, en concreto, estaba escondida bajo la silla, intentando pasar desapercibida cuando llegara mi Hada veterinaria).

En esas llama una señora, bastante desesperada, a la puerta.

Como el veterinario es el lugar que más frecuento después de mi propia casa, mi mamá se mueve allá como pez en el agua. Por eso fue la primera en enterarse de que una perra del conjunto de al lado se había puesto de parto y llevaba mucho tiempo desde que había salido el primer bebé. La mamá humana no estaba en la casa y ella, que era la señora que trabajaba en la casa, no sabía qué hacer.

Evidentemente a mi mamá le faltó tiempo para apuntarse a ejercer como ayudante de comadrona y a mí para salir corriendo tras ella, así que fuimos en comitiva hasta la casa. Una vez allí mi mamá me dejó esperando en la puerta para que la paciente no se fuera a estresar al percibir una intrusa en un momento tan delicado. 

La cosa, efectivamente, olía muy, muy raro: Matilda no tenía contracciones de parto, por lo que era muy difícil que pudiera sacar los otros cinco bebés, que encima venían de patas. Además eran las 12 de día y las perras parimos habitualmente en la noche o de madrugada, cuando todos están durmiendo, para que no nos molesten ni nos ataquen cuando estamos indefensas…

Por eso, tras dejar encargada a mi mamá de darle masajitos en la barriga para ver si así empujaba un poco, el Hada veterinaria se fue a buscar el carro. Mientras tanto, al otro lado de la puerta, mis orejas detectaron los desesperados esfuerzos de mi mamá y de la empleada por contactar a la responsable de Matilda ya que, sin su autorización, no podían hacerle cesárea.

-¿Cuál es el número de la señora de la casa?-

-No sé-

-¿No sabe el número? ¿¿¿No tiene cómo llamarla???-

-No-

-¿Y no sabe de nadie que pueda tener el número?-

-De pronto mi hija lo encuentre-

Tras un rato eterno a la espera de que la hija revolviera todos los recovecos de la casa, por fin mi mamá pudo hablarle al contestador.

Cuando regresó el Hada veterinaria la mamá de Matilda seguía sin aparecer.

-Y ¿sabe dónde trabaja la señora?-

-Si, señora, en el Sena-

-¿Y cuál es el nombre completo?-

-Amparo… No sé-

Mientras mi Hada veterinaria sacaba un segundo bebé, mi mamá entraba en el computador de la casa para mirar en internet el teléfono del Sena y la señora buscaba algún recibo en el que aparecieran los datos completos de su empleadora.

-Muy buenos días, mi nombre es Araceli Gamboa, gracias por comunicarse con el Sena ¿en qué puedo servirle?-

-Buenos días, Araceli, hablas con Yamila. Necesito contactar de urgencia con una de sus funcionarias. Se trata de una emergencia doméstica relacionada con su perra-.

-Recuérdeme su número de cédula, por favor-.

-bla, bla, bla…-

-¿De extranjería?-

-Sí- escuchaba responder a mi mamá cada vez más impaciente.

-¿Desde qué ciudad nos llama?-

-Desde Bogotá-

-¿Nombre completo de la persona que nos llama?-.

-Mire, señora, si me pongo a deletrearle mi apellido se nos axfisian los cachorros y se nos muere la perra, se trata de una emergencia, fue lo primero que le dije-. Araceli se ganó el bufido de mi mamá… Si me llega a preguntar yo le habría advertido que se la estaba jugando.

Después de contactar con diferentes dependencias del Sena, la conclusión fue que allá no había ninguna Amparo que nos sirviera.

Entre tanto mi Hada veterinaria había logrado extraer otro cachorro y un par de vecinos me habían dedicado su mejor “¡chite!” al verme con mi mejor cara de criollo fiel esperando en rellano de la escalera del edificio.

Pero no te preocupes por mí que enseguida recuperaba mi posición, más bien preocúpate por Matilda que ya estaba agotada y deshidratada, y todavía le quedaban tres…

Mientras mi mamá dejaba mensajes en único número de celular que tenían, la empleada llevaba botellitas con agua caliente a mi Hada veterinaria para mantener calienticos a los bebés, e interrogaba a la vecina sobre el teléfono de Amparo.

Mientras mi mamá investigaba en Facebook comparando las imágenes de perfil con la foto de bodas que vio en la repisa, la empleada mantenía una conversación surrealista con el contestador automático de la empresa donde trabajaba la hermana de la dueña:

-Si conoce el número de la extensión, márquelo; de lo contrario, espere en la línea…-

-Ya le dije que no conozco el número de la extensión, ¡se lo dije cinco veces!-

Y entonces, en otro de los intentos desde el celular del Hada veterinaria:

-¿Aló?-.

Momentos más tarde mi mamá, el Hada veterinaria, la señora y yo corríamos escaleras abajo con Matilda dentro de una caja de cartón acompañada por sus tres bebés. Instantes después estábamos en el hospital veterinario en un sorprendente giro del destino: por una vez los focos no iban dirigidos hacia mí sino hacia esa bendita que se cruzó en mi camino. Gracias a ella me libré de mi análisis de sangre, de heces, de orina, de las palpaciones, del termómetro en la cola, de la luz en los ojos, del estetoscopio y de los círculos con mi pata trasera.

Mi mamá dando apoyo moral y ayudando a depilar la barriga y a coger las vías a la paciente
Mi mamá dando apoyo moral y ayudando a depilar la barriga y a coger las vías a la paciente

Estaba tan contenta que no podía creerlo. Cuando salí, indemne, mientras Matilda ingresaba a quirófano, no dejé de correr hasta Héroes (en realidad se trata de una licencia poética, ya que dentro de Transmilenio sí tuve que parar). Por eso, aunque estaba comenzando a llover mi mamá dijo:

-Nos vamos a mojar pero ¿quieres desfogarte? pues… ¡¡¡Vamos!!!-.

A cualquiera que le preguntes recordará perfectamente quiénes eran los dos únicos seres vivos que corrían bajo un aguacero que no dejaba ver a un metro de distancia: una chica con el mismo aspecto como si saliera de la lavadora y una perra que entraba en todas las tiendas buscando cobijo para sacudirse el agua. La protección no duraba, sin embargo, mucho tiempo, ya que tenía que salir como una exhalación tras la mancha rosada que iba saltando charcos y metiendo las patas hasta los tobillos en los ríos de agua helada que descendían calle abajo donde antes estaba la carretera.

Al llegar a casa nos tocó achicar el agua de la sala y del cuarto que estaban inundados, en parte por la virulencia de la tormenta, en parte por haber dejado algunas ventanas abiertas.

¡Gracias, Matilda, por un día inolvidable y por ese acto de generosidad de ponerte en mi lugar!

Espero que pronto me presentes a tus seis bebés.

Tres de los hermanos: parecen ratones pero no tienen la cola tan larga
Tres de los hermanos: parecen ratones pero no tienen la cola tan larga
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11 comentarios sobre “Diploma en emergencias caninas

  1. Que gran aventura la que vivieron hoy, me alegra que Matilda haya salido bien al igual que sus bebés y tú te hayas librado de semejante cantidad de exámenes 😍

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  2. ¡¡Tremendo acontecimiento!! Sobre todo porque saliste indemne de él y lograste escaparte, al menos por ahora, de tu suplicio. Por otro lado, me parece triste que aún haya personas que no esterilicen a sus perritas y que fuera de eso las embaracen. Amparo pudo haber perdido a Matilda por ese parto. Lastimosamente hay muchos médicos veterinarios que aún aconsejan que la hembra debe tener ´”aunque” sea un parto. Creo firmemente que la esterilización es la solución. No tienen la culpa, pero esos 6 bebes le quitan 6 puestos a muchas Lindas, Montserrats, Drakos…

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    1. Querida Lina,

      la mamá de Matilda habló “violación”, es decir, fue un accidente (aunque yo me pregunto cómo es posible un accidente de esas características en un paseo al parque…). No obstante, aprovechando la cirugía mi Hada veterinaria, que es de la misma opinión que tú, la esterilizó, obviamente con consentimiento, para que no sean estos bebés y otros más los que necesitan un hogar 🙂

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      1. Me alegro por Matilda, en fin son formas de pensar, menos mal tomó una buena decisión. Mi hermana nunca fue de la opinión de operar a Juanita y a Molly, porque decía que le daba miedo por la anestesia. Hace poco Juanita tuvo un pequeño otohematoma y se tuvo que operar para quitárselo, aprovecharon para hacerle la esterilización y oh sorpresa ya tenía un inicio de piometra, mejor dicho si no la hubieran esterilizado ya, tendría que haber entrado a cirugía otra vez en poco tiempo y eso que si hubiera dado tiempo.

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  3. Querida linda, tu y tu mami son las superchicas..siempre solidarias con los indefensos..las queremos mucho! Ojala la palabra ” chite” sea desterrada del lenguaje de la gente y sea cambiada por la compasión y cariño hacia los animalitos abandonados. Lorenza pronto comprará tu libro! Guauu

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    1. Querida Mary,

      haré mi mejor esfuerzo para no soltárselo la próxima vez que la encuentre por acá… me costará trabajo porque ¡estoy que auuuuuuullo de la felicidad! :D:D:D

      Un gran lametón de agradecimiento y un fuerte abrazo de mi mamá 😛

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