LindaGuacharaca

Confiar

Mi mamá pensó que, aprovechando que teníamos por delante toda la tarde del domingo, lo mejor era avanzar en el conocimiento del Caballero, de sus hábitos y de su entorno para poder tomar una decisión. Un taxi nos dejó a los tres bípedos y dos cuadrúpedos a las puertas del castillo de Daniel, situado en el barrio de Cedritos, en el norte de Bogotá.

-¡El castillo es pequeño!, advirtió entre divertido y algo nervioso por la impresión que podría causar en mi mamá.

Con una simple olfateada nos dimos cuenta de que tenía un sorprendente parecido con nuestra casa: chiquitico -apenas cuarto, baño y cocina- y amoblado con muebles reciclados en su mayoría. A nosotras nos simpatizó de inmediato, pero a Monguí no le interesó en lo absoluto. Demostrando claramente que no tenía ninguna intención de quedarse con esos chicos tan amables, no manifestó la mínima intención siquiera de olfatear las esquinas del salón. En cuanto mi mamá se paraba para ir al baño o tomar una foto, él la seguía pegado a sus talones. Conmigo detrás, por supuesto. El plan de dejarlo allá esa noche para ver cómo se entendían iba haciendo aguas. De hecho, quizás mejor. Al fin y al cabo no dejaba de ser un perfecto desconocido… ¿Y si le había fallado por completo la intuición?

Mi mamá ya conoció varios chicos en Colombia con los que salió por varias semanas y que parecían tragados hasta el hocico, y que se desaparecieron de un día para otro sin explicación, motivo aparente y sin previo aviso. Quizás ese chico tan encantador era exactamente igual… Una punzada de preocupación agitó su corazón.

Su alivio fue máximo cuando lo escuchó preguntar que si el olor de la pintura con la que quería pintar una pared de negro, con objeto de escribir en ella, usándola como pizarra, molestaría a Monguí.

-Si, ellos tienen el olfato muy sensible. Entonces mejor me lo llevo a la casa como tenía previsto y en esta semana volvemos a visitarte y seguimos charlando ¿te parece?

De regreso a casa mi mamá le dejó al taxista su morral con la comida de Monguí para toda la semana y mi patógrafo, como recuerdo. Es posible que, con la plata obtenida por la impronta de la pata más famosa de Colombia, en estos momentos el señor se encuentre disfrutando de un merecido retiro en las islas Fiji.

Una vez en la casa la tensión estalló. Junto a la tristeza profunda por separarse del que ya se estaba convirtiendo en un miembro de nuestra familia, apareció la idea de que, una vez nos perdiéramos de su vista, el Caballero no volvería a dar señales de vida.

Como ves mi mamá quedó tan traumatizada con las desapariciones como yo con las escobas.

Entonces, después de respirar hondo, decidió que esta sería una buena ocasión para ella para volver a confiar.

Esa misma tarde llamó al Caballero Daniel y él le respondió el teléfono.

En los siguientes días hablaron varias veces a diario para ultimar detalles.

Él le pidió la lista de medicamentos para tener todo listo cuando Monguí llegara.

Ella decidió que se lo llevaríamos para pasar una noche allá y ver cómo les iba. Incluso pensó en dejarme con ellos, para tranquilizar a Monguí, si bien por suerte cayó en cuenta de que mi ansiedad causaría el efecto contrario… Por no contar con la posibilidad de que pusiera en marcha uno de mis famosos planes de fuga para ir a buscarla y acabáramos teniendo dos problemas en lugar de uno.

Él puso su primera foto con su escudero en el WhatsApp. También se comunicó con nuestra Hada veterinaria para conocerse.

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¡Incluso le hizo su primer meme!

Mi mamá cambió de opinión acerca de llevarlo ella misma. Después de salir todos los fines de semana en el último mes, mi amigo esperaba ansioso que alguien fuera por su clínica veterinaria para llevarlo a pasear: seguro que batiría la cola de contento al reconocer al Caballero y le resultaría mucho más fácil integrarse en su nuevo hogar si ella les dejaba espacio.

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Monguí, mandando besos a Daniel durante una de las conversaciones telefónicas con mi mamá.

En una clásica conversación de perro a mujer, ella le explicó que se convertiría en la familia del Caballero largirucho del otro día, que él le rascaría la barriga y que podría despertarlo a punta de lametones todas las mañanas. Además le contó que él seguro también tendría medias que agujerear, pero que le recomendaba centrarse en la hamburguesa de juguete que él le había comprado.

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También le susurró que siempre estaríamos cerca de él, que iba a ser muy feliz, y que cualquier problema que tuviera no tenía más que aullarnos. Monguí, sin embargo, estaba más interesado de seguir mordiendo media que en escucharla con la cabeza ladeada. Su faceta de chachorro, oculta durante diez años, había irrumpido, junto con la felicidad de sentirse sano y amado, y le era imposible parar de jugar.

Mi gran amigo y yo nos despedimos dándonos las últimas revolcadas en el tapete.

A continuación mi mamá lo dejó en la clínica, con lágrimas en los ojos. Como ajuar le dejó el collar antipulgas, mi impermeable azul de los paseos extremos, una toalla para secarlo al regresar del parque en estos días de lluvias, de modo que no se irrite su delicada piel, y los juguetes que le regalaron mis fans que fueron a visitarlo en la clínica durante los últimos nueve meses.

Ahora solo quedaba esperar que el Caballero cumpliera su palabra…

Y confiar.

Continuará

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9 comentarios sobre “Confiar

      1. Querida Yolanda,

        ¡muchas gracias por tu interés en mis espeluznantes aventuras! 😀 Puedes entrar en mi web http://www.lindaguacharaca.org y eliges el pack que más te guste, rellenas tus datos, eliges la forma de pago (consignación, transferencia, pago por Efecty) y mi mamá y yo te lo mandamos a tu guarida en Medellín sin costo adicional. Quedo con las orejas bien paradas por si tienes alguna pregunta 😀

        ¡Muchos lametones de bienvenida! 😛 😛 😛

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  1. La intuición no les puede fallar, seguro Daniel va a ser un buen Caballero para Monguí, que piense en él y se prepare para su llegada deja muy buenas intenciones en el ambiente. No esta demás que sigan en contacto y hagan planes de paseo juntos. La confianza es algo difícil de entregar, pero siempre volvemos a creer. Por otro lado, vas a tener que atarle todos los paquetes a tu mami con una cuerdita, que manía de botar las cosas, ;). No te deja botada a vos también porque tenes voluntad propia y la seguís, jejejejejejeje 🙂

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    1. Querida Lina, esa es mi mamá… Siempre confía de nuevo. Acá está asumiendo un nuevo reto. Igual que el de conservar su nueva tarjeta del banco… En cuanto a mí, no solo la sigo. Desde que estamos en nuestro nuevo hogar, ya la traje a la casa varias veces al verla perdida mirando en dirección contraria 😉 😀 ¡Un gran lametón! 😛

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