Chascarrillos veterinarios·Viaja con tu bíped@·Yo fui a colegio de monjas ¿y tú?

Viajar con humanos III: ¿Colegio de monjas o educación militar?

Lo primero que me enseñó mi inexperta mamá al dejar mi gasolinera fue a levantarme.

-¡Arriba!- decía, poniéndome un plato con carne y arroz ante el hocico, ante lo que el esqueleto incapaz de estirar las patas traseras que era yo entonces, respondía tambaleándose. Y no me daba la comida hasta que no estaba en pie, para que se hagan una idea de lo que me esperaba…

… Lo segundo fue a orinar cuando ella me dice, convencida de que se trataba de lo más importante que debe aprender un can que hace largos trayectos en autobús: si echamos la vista atrás, mi futuro como viajera comenzó a fraguarse desde mi más tierna recogida.

Una estricta formación en modales y lenguas extranjeras es la tercera competencia -junto con la habituación a estímulos y el estrecho vínculo emocional y de confianza con tu bípedo (aquí)-, que necesitas para lanzarte a la aventura.

Para un perro viajero dar la mano o hacer volteretas no constituye un valor añadido, pero sí deternerse antes de cruzar la calle; identificar la acera por la que debes transitar; ir cuando te llaman; no pedir comida en la mesa, ya que nunca sabes en qué casa vas a acabar y si les va a molestar; viajar a los pies de tu bípedo; esperar a la puerta de museos, tiendas o bancos a que salgan a recogerte; posar para las fotos; así como echarte y sentarte, esto último fundamentalmente con objeto de convencer a los conductores de buseta y propietarios de hoteles y/o restaurantes de que se encuentran ante una perra más educada que sus propios hijos.

Y no vale la excusa de que ya eres mayor, que no aprendes, que eres rebelde… Cuando yo salí de la gasolinera tenía alrededor de un año; me habían atropellado; a juzgar por mis reacciones -y mis cicatrices- me habían golpeado duro y lanzado piedras; no confiaba en los humanos; era miedosa a la par que agresiva; fui incapaz de tener contacto visual con un bípedo por meses -incluida mi mamá-, y nunca tuve acceso a la educación: solo conocía el lenguaje perruno.

Actualmente domino el español, el inglés y alemán, y manejo algunos rudimentos de italiano y catalán. Son tus papás los que tienen que enseñarte su idioma: realmente es fácil rellenar de contenido esos sonidos inconexos que emiten sus hocicos si se dan dos condiciones: 1) son constantes, es decir, los repiten todos los días, al menos al principio; y 2) consecuentes, es decir, que siempre que digan la palabra se produzca aquello que quieren enseñarte y viceversa.

Obvia decir que, con semejante historial, mi mamá nunca me puso la mano encima más que para consentirme.

En primicia y exclusiva les revelo cómo me convertí en políglota en tres meses:

Algunas palabras las aprendí porque me las repetía cada vez que llevaba a cabo una acción: “chichí” cuando estaba orinando, “abajo” en el momento en que me dejaba caer del sofá al piso, “acera” en el momento en que ponía mis patas delanteras sobre la susodicha al cruzar la calle, o “besito”, cuando le daba lametones…

… Ello seguido siempre de una efusiva felicitación con golpecitos en la cabeza incluidos.

Otras nos costaron un poco más.

Al principio se agachaba y extendía la mano hacia el suelo diciendo “platz”… La mayor dificultad de enseñarme a echarme fue que me pasaba el día en el piso. Cuando, las pocas veces que me ponía en pie, me tumbaba para que me rascara la barriga, ella me embutía un trocito de jamón y me hacía una fiesta como si hubiera completado una maratón.

Lo mismo para sentarme y para acudir a la llamada.

Es muy importante que te den el premio en el momento en que haces lo que te piden y sólo si lo haces, de otro modo no identificas la palabra con el significado preciso.

Y si no lo haces toca insistir, es decir, no caben las fisuras en la autoridad. Ella es inflexible incluso cuando entro a galope en las iglesias a buscarla, haciendo sonar mis collares por toda la nave central, causando el asombro y la admiración de todos los presentes por mi acto de fe.

O cuando entro tras ella en los supermercados haciendo sonar la alarma.

Cuando la alcanzo -en el altar; o junto a los frascos de jalapeños- se aguanta la risa como puede y me dedica una mirada severa, a la vez que me coge de la pañoleta y vuelve a dejarme a la puerta haciendo compañía a los mendigos. Y no abandonamos el lugar hasta que, por fin, me quedo en el umbral mirando fijamente al interior moviendo la cola, no sea que se vaya a ir sin mi.

Mi mamá está convencida de que el secreto de mi obediencia se encuentra en la siguiente combinación: sé que desobedecer no tiene sentido ya que no ceja hasta que hago lo que me dice, por lo que es mejor hacerlo de una vez; tengo nuestro lenguaje claro y perfectamente interiorizado dado que lo ponemos en práctica todos los días; y mi mamá sólo se comunica conmigo cuando es necesario. El resto del tiempo voy completamente a mi aire, por lo que no sufro de saturación en las líneas.

Otra cosa que ayuda es hablarnos cuando tengas cierta seguridad de que te vamos a escuchar, para no desautorizarte a ti misma (al principio ella evitaba llamarme cuando estaba en pleno juego con un amigo -o con el hocico en su trasero- y lo hacía en el momento en que levantaba la cabeza a la búsqueda del siguiente estímulo).

“Stop” y “espera” exigió algo más de técnica. Para enseñarme a esperarla mi mamá me hacía tumbarme y me decía la palabra mágica extendiendo la mano hacia mí. A continuación se alejaba un paso. Evidentemente yo, que en esa época todavía me arrastraba más que caminar, intentaba incorporarme para seguirla (recuerden que, además, tenía un trozo de jamón en la mano). Cuando lograba alejarse un paso quedándome quieta se abalanzaba sobre mi con una enorme sonrisa y me daba el jamón -¡¡¡muy bien, muy bien, Linda!!!-.

Luego pasaron a ser dos pasos de distancia. Luego toda la sala… Cuando yo me levantaba a destiempo empezábamos desde el principio: “platz” “espera”. Después se escondía detrás de la puerta de casa y, una vez dominado esto, pasamos a experimentar en la calle. Al principio me tenía a la vista y, hoy en día, grupos de personas hacen corro a la puerta de los comercios aguardando la salida de esa “maga” para preguntarle cómo consiguió que no me mueva de la puerta incluso pasando coches, otros perros y/o personas que me llaman.

Detenerme cuando me lo piden es una de las cosas más prácticas y más importantes que aprendí. De ese modo me bandeo magistralmente en el tráfico de Bogotá, Madrid o Barcelona. Incluso, puede detenerme en pleno vuelo si hay algún estímulo -llámese gato o patineta- que me puede llevar a cometer una locura. O si voy a defenderla -a ella o su propiedad- de algún atacante contra su voluntad… Eso si, ahora que no me oye, te cuento que al patinador le resulta infinitamente más sobrecogedor el grito -¡¡¡¡¡¡STOOOOOOOOOOOOOOP!!!!!!- a su espalda, que mi aliento y mis ladridos en sus tobillos.

El inglés me costó, sin embargo, un poco más: para deternerme daba un tironcito de la correa diciendo esa palabra, pero, para darme el jamón, tenía que aflojarla por lo que yo seguía caminando. Pero aún así, muy rápido leí sus intenciones y hoy domino la frenada en seco a la perfección.

Y, con todo esto…

¡Ya estamos list@s para embarcar!

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6 comentarios sobre “Viajar con humanos III: ¿Colegio de monjas o educación militar?

  1. Wauuuu rewauuuu y guausssss, quedé maravillada con la educación de Linda, con Rocco mi perro, me angustio porque ahora que esta madurando “sexualmente” y por el momento no lo he castrado, sale corriendo detrás de las perras y ya he pasado sustos que se atraviesa calles transitadas, antes era muy amigable con todo género de perros, ahora se enoja si sus amigos quieren jugar con sus amigas. Dentro de mi periodo de observación y aprendiendo a ser mamá de un perro, creo que las niñas son mucho más obedientes que los niños, por lo menos eso he visto de las amigas de Rocco, un abrazo.

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    1. Bueno, las niñas tenemos hormonas alborotadas de ver en cuando y los niños están todo el tiempo, igual que los hombres, como me cuenta mi mamá, con el sexo en la cabeza.

      Imagínate que incluso estando el perro castrado y yo esterilizada hay pretendientes que me siguen hasta el fin del mundo.

      Mi mamá hizo un análisis comparativo sobre este fenómeno en una de sus épocas más bajas en este país, que provocó nada más y nada menos, la aparición de mi papá.

      Te cuento así, bien bajito, ahora que no nos escuchan, que, como buen seguidor mío desde el principio de los tiempos, se convirtió en seguidor suyo y, preocupado por lo triste que estaba, acabó invitándola a escalar con sus amigos -así es como se conocieron en persona- a partir de este histórico post en el que soy co-protagonista: http://msbattuta.com/2014/08/28/a-vueltas-con-las-matematicas-y-con-la-vida/

      Y este es la continuación… Con sugerente título, por cierto: http://msbattuta.com/2014/09/04/amores-perros/

      ¡Un gran lametón para tí y otro para Rocco! 😛

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  2. Que bien linda, eres una menina muy experta y definitivamente ganaste una mamá ***** . Cada historia tuya me divierte un resto, vaya bien podrías convertirte en la protagonista de cuento o un libro ya que en tú corta vida tienes un recorrido de bastantes aventuras y amor en grande prodigado por quien tanto te ama tu mamá. Un gran abrazo para las dos. ☺😘

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    1. Querida Constanza,

      ¡con todas mis historias de salud y el reciente trasteo me demoré en responderte! 🙂

      Me alegra mucho darte la bienvenida a mi blog de aventuras. Te cuento que me quitaste la idea de la boca porque acabo de terminar de dictarle mi primer libro a mi mamá ***** y estamos buscando un editor. Se llama “La vida es Linda”, adivina quién se inventó ese título tan chévere 😀 y creo que te gustará mucho.

      Mi mamá te manda un abrazo grande y yo un lametón en la nariz 🙂 😛

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      1. Bueno querida Linda espero poder leer ese libro bien pronto. Deseo que tengas una 🎅Feliz Navidad🎄 en compañia de tú mamã *****, cuidate mucho y no te excedas comiendo todas esos deliciosos platos colombianos que abundan por esta época, Kkkk. Un grande abrazo desde Portugal para las dos y hasta el próximo año. 😍😘

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      2. Mi mamá***** y yo te deseamos igualmente interminables paseos navideños y que te consientan con sobrebarriga con hogao, por mi parte haré todo lo posible por probar todos los platos amazónicos que comerá mi mamá en nuestro inminente viaje por el Amazonas. La estrategia para ello: ni acercarme a mi concentrado aunque ello suponga no comer por días 😀

        Un gran abrazo de su parte y un lamentón 😛

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